El cementerio central ubicado en la ciudad de Bogotá, recoge historias que pocas personas podrían creer, cada una más increíble que la otra, pero desafortunadamente se necesitaría más de una enciclopedia para que todas fueran escuchadas.
Un día en el cementerio central comienza desde entrada la mañana, con visitas de todo tipo amigos y familiares quienes en su gran mayoría asisten el día domingo, ya que por tiempo o tradición es el día en que los asistentes al cementerio aprovechan para darles una oración e incluso arreglar las tumbas donde descansan su seres queridos.
Según los conocedores del lugar, la forma de elipse que tiene el cementerio simboliza el ascenso de las almas hacia el paraíso, parte de estas almas las cuales iniciaron su camino son grandes e históricos personajes de nuestra patria como lo fueron Gonzalo Jiménez de Quesada, Francisco de Paula Santander, José Asunción Silva, Rufino Cuervo, expresidentes como Enrique Olaya Herrera y Gustavo Rojas Pinilla, incluso el candidato Luis Carlos Galán y el líder del M-19 Carlos Pizarro.
Aunque el cementerio conserva historias maravillosas, también incluye historias que perturban la tranquilidad del lugar, desde tiempo atrás se han presentado casos en los que las tumbas han sido saqueadas por grupos no religiosos e incluso trabajadores que venden los restos a estudiantes de la salud, para que realicen su estudios de medicina sin importar la reserva y respeto al que se deben someter estos cuerpos.
Los esqueletos que son vendidos se les entregan a los estudiante en horas de la noche, principalmente casi entrando la madrugada y se prepara con mucha precaución ya que el joven debe llegar a la hora indicada y acomodar el auto de tal forma que la parte trasera quede en frente de la puerta, esto con el fin que en el momento que salgan con el cuerpo éste sea ingresado en esta parte y el conductor conduzca a una distancia prudente donde pueda observar que el cuerpo le es entregado, el cual puede pertenecer a un niño, adolescente, adulto o a una persona de la tercera edad e incluso puede ser una combinación de los mismos.
La forma como se realiza la extracción de los cadáveres es simple, cada tumba tiene un limite de tiempo para permanecer ocupada - excepto cuando se compra la totalidad de las mismas – esto oscila entre los 3 a 5 años de permanencia, en estos casos los cuerpos deben ser retirados y trasladados a voluntad del familiar, es decir si éstos deciden cremar los restos y en caso de que no den respuesta alguna, los restos deben ser llevados a un osario para que allí sean triturados y guardados en un recinto especial.
En el instante donde los trabajadores toman los cuerpos que van a entregar a los estudiantes, los retiran en bolsas negras que contienen los huesos y los entregan tal y como salen de la tumba, ya que por seguridad del empleado debe ser así. Cada estudiante debe ser precavido en el momento de solicitar el esqueleto pues se trata de una práctica ilegal que acarrea sanciones penales por profanación de tumbas.
En el momento en el que los estudiantes reciben este cuerpo no tienen derecho a reclamos, una de las condiciones es que el esqueleto sale del cementerio pero no vuelve a entrar, sin importar las circunstancias del mismo e inclusive si éste no corresponde en su totalidad a la misma persona. Ello radica en el número de cadáveres que se encuentran dentro del cementerio.
El precio que se paga por cada cuerpo oscila entre los 90 y 100 mil pesos, los cuales en ocasiones se cancelan antes de recibirlo, pero en su gran mayoría se entregan el día en el que se recibe el cuerpo y se pierde contacto con el excavador o el vigilante quienes son las personas que se encargan de las entregas.
Una vez retirado el cuerpo queda prueba de su existencia debido a que éstos se reportan como si estuvieran dentro del osario, pues corresponden a restos que nunca se reclaman o vienen de tumbas abandonadas, de las cuales no existe rastro de identificación, el abandono es tal que incluso los nombres se han borrado.
Esta es la parte negra que se vive dentro de los lugares de descanso de cientos de personas, a las cuales se les ha robado todo el respeto que merecen viéndose asaltadas en su descanso eterno.